Desaparece una ley que impedía a Sam Altman convertir ChatGPT en el nuevo Google. Trama, de serie de NETFLIX
No es una serie de NETFLIX, pero casi. La extraña desaparición de una ley que impedía a Sam Altman, CEO de OpenAI, convertir ChatGPT en el nuevo Google.

OpenAI allana el camino hacia su consolidación como tecnológica con ánimo de lucro, como el resto de las GAFA. California acaba de eliminar, sin previo aviso, la ley que frenaba esta transición.
La asambleísta Diane Papan presentó en febrero la AB 501, pensada para frenar el cambio de estatus de entidades sin ánimo de lucro como OpenAI, que en cinco años ha recaudado más de 100 millones de dólares.
El pasado 3 de abril, la propuesta fue borrada de un plumazo y sustituida por un texto sobre gravámenes a aeronaves.
Científicos críticos con la maniobra hablan de presión política y económica en la sombra.
La AB 501, aunque no mencionaba a OpenAI, la intención era evidente, frenar que una organización nacida con vocación altruista se transformara en un titán del lucro.
El texto planteaba un marco legal para evitar lo que ya se percibe como una nueva vía de enriquecimiento bajo fachada filantrópica.
En este caso, OpenAI, que hoy lidera el desarrollo de inteligencia artificial y que ha cerrado una ronda de financiación de 40.000 millones de dólares, necesitaba convertirse en empresa con fines de lucro para cerrar esa inversión.
El cambio radical del contenido de la ley descolocó a la comunidad científica.
El apoyo a la AB 501 había crecido en semanas, con una carta abierta firmada por expertos que pedían evitar la privatización de estructuras creadas sin fines comerciales.
Sin embargo, tras el reemplazo del texto, lo que iba a ser una regulación contra las conversiones oportunistas se transformó en un oscuro capítulo sobre las mencionadas tasas a aeronaves.
La desaparición de la ley deja entrever la influencia de figuras como Sam Altman, CEO de OpenAI. Altman no sólo lidera una de las compañías más potentes del planeta, sino que también se ha adentrado en la política local.
En noviembre de 2024 fue nombrado asesor del equipo de transición del nuevo alcalde de San Francisco, Daniel Lurie, también Demócrata, y heredero del emporio Levi Strauss.
Así, el ascenso de Altman como voz política y empresarial, junto a las presiones de inversores como Microsoft o fondos de capital riesgo, refuerza la sospecha de que el borrado de la ley AB 501 responde a intereses lobbistas.
Recordemos que OpenAI nació en 2015 como una organización sin ánimo de lucro para democratizar el acceso a la inteligencia artificial.
No obstante, en 2019, bajo la presión financiera para desarrollar modelos más potentes, creó una estructura híbrida, que permite captar inversiones manteniendo formalmente parte de su estructura sin fines de lucro.
Gracias a este modelo, Microsoft inyectó más de 10.000 millones de dólares en OpenAI para acelerar el desarrollo de herramientas como ChatGPT; pero también encendió las alarmas sobre una eventual transformación completa de la organización hacia un modelo 100% lucrativo.
Desde entonces, la empresa ha escalado hasta liderar el mercado de modelos de lenguaje de IA, con una influencia equiparable a la que tuvo Google en sus inicios. Y esa influencia no pasa desapercibida para reguladores, inversores ni científicos.
La retirada súbita de la ley AB 501 deja libre el camino para que OpenAI complete su transición a empresa con fines de lucro antes de finales de 2025. Con ello, asegurará su financiación y consolidará su posición como el nuevo jugador dominante del sector, al estilo de Google en los 2000.
Para sus críticos, es un ejemplo más de cómo las promesas éticas iniciales pueden diluirse cuando entran en juego cantidades millonarias.
Para sus defensores, una evolución lógica ante las exigencias del mercado y el ritmo vertiginoso del desarrollo tecnológico.
La desaparición de la AB 501 coincide con el cierre de una ronda de financiación histórica para OpenAI, no lo olvidemos.
SoftBank lidera esta inversión con 30.000 millones de dólares, mientras que Microsoft, Coatue Management, Altimeter Capital y Thrive Capital aportan los 10.000 millones restantes.
El acuerdo estipula un desembolso inicial de 10.000 millones de dólares, seguido de 30.000 millones adicionales a finales de año, condicionados a que OpenAI complete su transición a una empresa con fines de lucro antes del 31 de diciembre de este ejercicio.
Lo dicho, de trama de serie de NETFLIX, con efecto WOW incluido.
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