El shock energético pone en riesgo el futuro de los periódicos impresos, tal y como los conocemos

Papel, petróleo y Putin. El coste de que los periódicos impresos lleguen al quiosco cada día es insostenible, se acerca al denominado precio de ruptura y pone en riesgo su modelo de negocio tal y como lo conocemos. En algunos despachos, se desempolva la idea de vender los diarios solo los fines de semana. ¿Quién dará el primer paso? 

El shock energético pone en riesgo el futuro de los periódicos impresos tal y como los conocemos
En un periódico vespertino, un cliente de una gasolinera lee el sistema de racionamiento, junto a un letrero que indica que no hay gasolina (1974) | Foto: David Falconer, Wikipedia.

La foto que ilustra este reportaje es de 1973. Estados Unidos también sufría la crisis energética. 

Un ciudadano leía un periódico mientras esperaba su turno en una gasolinera para repostar mediante horario de racionamiento. 

Si esa instantánea se tomase hoy David Falconer, su autor, es muy posible que el diario no estuviera en el encuadre del fotógrafo, y su protagonista tendría un móvil en la mano. 

En aquellos años, recordemos, Richard Nixon era presidente de EE UU. La guerra no era en Ucrania, sino que fue la del Yom Kipur entre Egipto y Siria contra Israel. 

La OPEP había cerrado el grifo en represalia. Y el mundo se sumía en un shock energético

Todos entendían la estanflación como concepto cotidiano: el coste de la vida se disparaba dos dígitos, mientras las economías entraban en recesión.  

Incluso en el Reino Unido se optó entonces por la “semana de tres días”. 

Así, comercios y bares cerrados convivían con una producción industrial concentrada en ese periodo para ahorrar petróleo, gas y electricidad.

La crisis energética, entonces, incluso cambió de manera radical a la propia industria del motor, tanto en diseño como en mecánica. 

Los fabricantes optaron por coches más pequeños y económicos, pero con tracción delantera para gastar menos gasolina

Ese sector tuvo que afrontar así una reconversión industrial para adecuarse a los tiempos. 

Hoy, en 2022, todos estos paralelismos se estudian de nuevo ya en las escuelas de negocios, y se archivan los del denominado periodo de la Belle Époque (o felices años 20).  

Los alumnos, próximos directivos, se entrenan en los másteres de negocio para lo que parece una distopía narrada en una serie de Netflix, pero realmente ocurrió hace casi 50 años, y lo estamos viviendo como un déjà vu. 

Regresa también el terrible término de precios de ruptura, tan citado en el shock energético de los 70 (hay tal carencia de materias primas, con costes disparados, que es más barato cerrar que producir).

¿Cómo afecta todo esto al sector de los medios?

Pues de lleno, y justo en una de las patas de su modelo de negocio tradicional, el de la prensa diaria.

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