Es un misterio. Ni móvil ni gafas. Sam Altman y John Ive lanzarán 100 millones de dispositivos con ChatGPT
Sam Altman quiere ser el nuevo Steve Jobs. El CEO de OpenAI, no en vano, prepara el lanzamiento de 100 millones de dispositivos con la inteligencia artificial de ChatGPT, diseñados por Jony Ive, ex diseñador del iPhone en Apple. Lo que sabemos. No serán ni móviles ni gafas. El resto es aún un misterio industrial.

MICROSOFT es software con su Windows. Apple es hardware con sus iPhone. Google es un algoritmo con Adsense.
Pues bien, OpenAI quiere morder un pedazo de cada uno de ellos para ganar dinero.
No en vano, la tecnológica propietaria de ChatGPT desea entrar en el negocio del hardware con una familia de dispositivos de inteligencia artificial que no se parezcan a nada existente. Es su próximo objetivo.
El CEO de OpenAI, Sam Altman, presentó a su equipo los planes para lanzar hasta 100 millones de unidades de una nueva gama de dispositivos diseñados por Jony Ive, el legendario diseñador de Apple, según informa WSJ.
Altman calificó esta iniciativa como «lo más grande que hemos hecho jamás como compañía», justo después de anunciar la compra de la startup de Ive, io, por 6.500 millones de dólares. Según sus cálculos, esta adquisición podría generar un billón de dólares en valor para OpenAI.
Ni un teléfono ni unas gafas. El misterio del dispositivo de ChatGPT
El dispositivo no será un teléfono, tampoco unas gafas. Ive, que se mostró escéptico ante los wearables, propone una nueva categoría de artefacto que podrá llevarse en el bolsillo o colocarse sobre la mesa.
Estará siempre atento al entorno del usuario, con capacidad para integrarse de forma invisible en su vida cotidiana.
Altman aseguró que esta nueva tecnología es fundamental para que OpenAI conecte directamente con los consumidores, sin depender de Apple o Google, cuyos sistemas operativos dominan el acceso a la inteligencia artificial en los móviles.
«Si estás suscrito a ChatGPT, deberíamos mandarte directamente nuevos ordenadores y que uses esos», afirmó.
El objetivo es que estos dispositivos redefinan cómo se relaciona la gente con la IA. Ive habló incluso de «un nuevo movimiento de diseño», mientras Altman evocó una «familia de dispositivos», en referencia al ecosistema que Apple logró articular entre hardware y software.
Altman también destacó la importancia del secretismo para evitar que la competencia copie el concepto antes de tiempo.
Sin embargo, ya se han iniciado contactos con proveedores para fabricar el dispositivo a gran escala. Aunque no se alcanzarán los 100 millones de unidades desde el primer día, Altman promete que OpenAI lo logrará «más rápido que cualquier otra empresa en lanzar esa cantidad de algo completamente nuevo».
La relación entre Altman e Ive comenzó hace más de un año y medio. Fue Peter Welinder, vicepresidente de producto en OpenAI, quien empezó a colaborar con el equipo de io. El entusiasmo mutuo creció hasta que en otoño pasado decidieron que no bastaba con una alianza tecnológica: la única opción era una integración total.
La decisión estratégica de lanzar un nuevo hardware surge de la frustración con las limitaciones de los dispositivos actuales. Para Altman, ChatGPT sigue operando bajo un modelo obsoleto.
«La gente aún lo usa como si fuera una web, abrir el portátil, escribir, esperar. Eso no es el sueño de la ciencia ficción», explicó.
«Queremos algo que active a la IA en todas las facetas de tu vida, sin estar atado a una pantalla», añadió.
Sam Altman quiere ser el nuevo Steve Jobs con John Ive abordo
Altman no disimuló la magnitud de la ambición: está convencido de que este dispositivo puede cambiar las reglas del juego.
El paralelismo con la llegada del iPhone no es casual. Ive, que vivió de cerca el auge de Apple junto a Steve Jobs, afirmó que «la manera en la que hemos conectado Sam y yo, y cómo hemos trabajado juntos, ha sido algo profundo para mí».
Altman se enfrenta a un entorno desafiante. Las startups que han intentado crear nuevos dispositivos de IA han fracasado.
Humane, respaldada por el propio Altman, lanzó sin éxito el Ai Pin. A esto se suma la presión financiera: OpenAI espera no generar beneficios hasta 2029 y prevé perder 44.000 millones de dólares hasta entonces.
Si OpenAI quiere competir directamente con Apple y Google, no puede limitarse al software. Necesita entrar en el bolsillo de los usuarios. Y eso solo se consigue con hardware propio.
A nivel estratégico, esta decisión sitúa a OpenAI en un nuevo estadio tecnológico. Altman quiere cambiar las reglas de la relación entre humanos y máquinas.
Y lo quiere hacer no desde una pantalla, sino desde un nuevo artefacto, como hace décadas lo hicieran los ordenadores personales o los smartphones.
Este proyecto no es simplemente un producto. Es una declaración de intenciones. Altman e Ive creen que están a punto de inaugurar una nueva era tecnológica.
Cómo funciona el misterioso dispositivo de OpenAI y John Ive
Aunque los detalles técnicos permanecen bajo llave, lo que se sabe apunta a una auténtica ruptura con el paradigma actual. O eso es lo que nos vende Sam Altman.
El dispositivo, que no será un teléfono ni unas gafas, como mencionamos, tendrá capacidad para captar el contexto del entorno del usuario de forma constante. Será discreto, con un diseño minimalista propio de Ive, y podrá colocarse sobre la mesa o llevarse en el bolsillo.
Integrará modelos de inteligencia artificial avanzados que permitirán interacciones naturales, sin necesidad de escribir comandos. La idea es que el usuario interactúe con la IA como si fuera un asistente proactivo, siempre atento, siempre disponible.
No será una pantalla más, sino una nueva interfaz. Un puente entre la inteligencia artificial y la vida diaria.
Se espera que el primer modelo vea la luz a finales del próximo año, con una hoja de ruta que apunta al despliegue masivo en un tiempo récord.
Lo dicho. Sam Altman quiere emular a Steve Jobs y, para eso, se ha gastado 6.500 millones de dólares en io.
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