El Plan S podría dificultar a los periodistas elegir qué noticias de Ciencia son o no relevantes

Preguntamos a Manuel de León (CSIC), Pampa García Molina (Agencia SINC), Malen Ruíz de Elvira, Toni Calvo (AECC) y Patricia Fernández de Lis (El País) si, de aprobarse el Plan S en la Union Europea (UE), ello implicará un cambio radical en la manera en que ahora trabajan los periodistas científicos. ¿Dificultará dicho plan determinar qué noticia es más o menos relevante? 

El Plan S quiere que los estudios científicos subvencionados sean open access

Todo el mundo sabe que el ritmo de trabajo de un periodista deportivo en asuntos futboleros lo marca cuándo se juegan los partidos de primera división. Para los periodistas científicos, la cosa no es muy distinta.

La única diferencia es que nuestros equipos son revistas científicas con alto factor de impacto (la «primera división»), que es ahora mismo la unidad de medida de la calidad de la ciencia. Son ellas (y los artículos que publican) las que deciden la agenda mediática, coordinadas como un reloj que nos marca de qué hablamos de lunes a viernes en las secciones de ciencia (PNAS los martes, miércoles Nature y viernes Science, por citar tres).

Eso encorseta el periodismo de ciencia, ¡para qué negarlo! Pero también nos ofrece un criterio riguroso para distinguir la Ciencia puntera de la que no. Sin esas referencias, ¿qué ocurriría?

¿Perderíamos el norte? ¿Nos costaría encontrar los buenos artículos científicos como una aguja en un pajar? ¿Dejaríamos de hablar de Ciencia porque no hay tiempo ni recursos para ir nosotros a la caza?

¿O inventaríamos otros modelos, otros métodos de trabajo, tal vez incluso más interesantes que los actuales? ¿Leeremos más noticias sobre artículos científicos de EE UU y Japón que de Europa?

Me lo pregunto porque puede que nos quedemos sin esos referentes cuando entre en marcha en 2020 el Plan S. Una iniciativa que pretende que a partir de 2020 la investigación financiada con dinero público se publique obligatoriamente en revistas y plataformas open access que permitan su acceso universal y gratuito. Un cambio que desafiaría al imperio del «factor de impacto».

¿Cómo afectará al periodista que escribe de Ciencia el Plan S?

El sueño de la democratización de la ciencia materializado en una iniciativa promovida por el ex director de Investigación y la Innovación de la Comisión Europea, Robert Jan Smits, a la que ya se han adherido once países europeos, la Wellcome Trust y la Fundación Bill & Melinda Gates. Descabellada para unos, revolucionaria y desafiante para otros.

Cuando hace unas semanas entrevisté por primera vez a Robert-Jan Smits para RedDePeriodistas.com y me enteré de lo que era el polémico Plan S, intenté meterme en el pellejo de los científicos. Mantuve ese mismo enfoque mientras hablaba con él por segunda vez una semana después para contar en El País cómo pretenden implementar este plan de aquí a 2020.

Pero pasados unos días, mientras andaba inmersa en mi rutina habitual de documentarme para escribir un nuevo reportaje, empezó a rondarme una pregunta: si el plan se lleva a cabo y casi toda Europa publica exclusivamente en revistas open access, ¿cómo nos afectará a los periodistas que escribimos sobre ciencia?

Para quien no lo sepa, el periodismo científico de calidad se rige por una premisa: que solo las investigaciones publicadas y revisadas por pares (es decir, por otros científicos expertos en el asunto que confirman su calidad) se consideran «ciencia válida».

Hay miles y miles de revistas científicas diferentes, pero los periodistas solemos estar atentos sobre todo a las generalistas o multidisciplinarias, como Nature (la más prestigiosa por su factor de impacto), Science y Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS). A la que se suman otras como The Lancet, para asuntos médicos, o PLOS, que es open access.

Todas estas publicaciones suelen adelantar unos días material sobre lo que van a publicar (noticias embargadas, las llaman) para que los periodistas puedan «currarse» los temas. Y el acceso a esa información se hace a través de la página web Eurekalert!, una iniciativa de la Asociación Americana para el Avance la Ciencia (AAAS) que es el santo grial de los que nos dedicamos a informar sobre ciencia.

La agenda informativa la marca el embargo

Pues bien, enfrascada en esta reflexión que describía un par de párrafos atrás, me acordé de Manuel De León, matemático del CSIC y exdirector del Instituto de Ciencias Matemáticas (ICMAT).

Hace años trabajamos juntos en un bonito proyecto llamado Revicien, una plataforma online dedicada a convertir en noticia las investigaciones científicas relevantes publicadas en papers (el término anglosajón para los artículos científicos) editados en España. Así que decido llamarle para ver qué opina de las implicaciones del Plan S.

La agenda del periodismo científico la marca los embargos

«Que la literatura científica sea accesible para todo el mundo de forma totalmente gratuita es algo que creo que todos los científicos firmaríamos al instante», dice sin titubear.

«Otra cosa distinta es que resulte fácil hacerlo: imagino que Smits encontrará mucha resistencia», reflexiona De León.

No le falta razón. Pero yo quiero que hablemos de lo que nos atañe a los periodistas y a la comunicación de la ciencia.

«Son las grandes revistas, a través de los embargos que lanzan, las que determinan qué publican las secciones de ciencia de los medios», me dice De León, ratificando mi visión sobre la homogeneidad de la agenda informativa en ciencia.

Las revistas científicas lo tienen todo apañado para que los periodistas recojáis lo que ellos quieren, y lo dan prácticamente masticado» – Manuel De León (CSIC)

«Con una pega que solemos obviar, y es que muchas veces su selección atienden a intereses propios y no a los intereses generales».

Precisamente, creamos Revicien para combatir un poco ese monopolio informativo emulando a las grandes editoriales científicas. Durante dos años (2005 y 2006) nos dedicamos a identificar investigaciones publicadas en revistas españolas modestas pero de máxima calidad, preparar notas de prensa y material gráfico, y difundirlo entre los más de 200 periodistas españoles acreditados.

Así era el proyecto Revicien

Con acceso embargado durante unos días, para que pudieran trabajar la noticia y contrastarla. Y funcionó. La repercusión fue espectacular. No por méritos propios, todo hay que decirlo, sino porque las investigaciones de las que nos hacíamos eco eran realmente valiosas.

Recuerdo lo emocionante que fue comprobar cómo las radios de mayor audiencia, la prensa nacional y algunas cadenas de televisión como Antena 3 y Tele 5 eran capaces de ver de inmediato el interés las noticias que lanzamos.

Y el entusiasmo de los científicos a la hora de explicar su trabajo. Del horno de Revicien salieron titulares variopintos.

«Un equipo de fútbol alcanza su estado físico óptimo a mitad de temporada, según nuevos estudios antropométricos (European Journal of Anatomy); o «La Filmoteca Española investiga cómo evitar que los microbios se coman sus películas» (Revista de Plásticos Modernos); o «Un estudio matemático permite identificar los vínculos entre los principales estilos del flamenco» (La Gaceta de la RSME).

Lástima que la falta de financiación nos obligase a «cerrar el chiringuito».

Pero, volviendo al tema, de momento no se menciona hacer algo similar a Revicien o a Eurekalert! para las revistas open access en las que el Plan S permite a los investigadores financiados con dinero público su trabajo.

Las noticias de Ciencia de Europa serán invisibles, frente a China o EE UU

Lo que me lleva a que, si en 2020 se pone en marcha el plan pero los periodistas seguimos trabajando como hasta ahora, habrá más Ciencia made in China, made in Japón y made in EE UU que investigación europea en los medios.

Es más, me atrevo a decir que, al menos durante un período inicial de transición, la ciencia europea corre el peligro de volverse invisible.

¿Cuál es la alternativa? ¿Trabajar directamente con los artículos científicos, los papers? «¡Imposible! Se publican millones de papers de calidad al año, y los periodistas no tienen ni tiempo ni recursos ni nociones suficientes para analizarlos uno a uno, valorar cuáles son importantes y también cuáles se pueden contar», apunta Manuel de León.

Si dejamos de tener una clara primera división de la liga científica, directamente dejaremos de hablar de Ciencia» – Malen Ruíz de Elvira

Malen Ruíz de Elvira, una periodista de referencia que durante muchos años estuvo al frente de la sección de ciencia en El País, coincide con De León en esta dificultad. «Está bien que la ciencia sea abierta, pero, si el sistema de medida que hemos usado hasta ahora se descarta, necesitaremos un nuevo benchmark«. Es decir, un nuevo parámetro.

«Lo de hablar todo los martes PNAS, los miércoles de The Lancet, los jueves de Nature y los viernes Science posiblemente se va a terminar», vaticina. Su duda es qué lo sustituirá.

Y pone un símil futbolero que explica bien por qué el sistema ha funcionado bien hasta ahora para la prensa.

La noticia de Ciencia será algo residual en los medios, puro anecdotario

«Lo que creo que va a pasar si dejamos de tener una clara primera división de la liga científica que juega cada semana, y por lo tanto dejamos de dar información de ella, directamente dejaremos de hablar de ciencia».

Ese es el peor escenario posible para Malen: que los periodistas dejemos de informar sobre la buena ciencia, que el avance del conocimiento científico se convierta en algo residual en los medios, y que lo que impere sean «cosas anecdóticas, a veces incluso un poco estúpidas, y efemérides, que de hecho es la que impera últimamente sobre todo en medios digitales».

Malen reconoce que, si se precipita el plan S, avisto una travesía del desierto bastante peligrosa: «Claro que habría siempre noticias esporádicas de misiones espaciales, de grandes ruedas de prensa de proyectos mastodónticos como el Proyecto Genoma, pero poco más», expone.

«O ponemos a periodistas a trabajar y analizar fuentes de información o no hablaremos de ciencia, al menos durante un tiempo».

De trabajar y rebuscar en las fuentes de información sabe mucho SINC, la primera agencia pública de ámbito estatal especializada en información sobre ciencia, tecnología e innovación en español, puesta en marcha por la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología hace una década.

La agencia genera noticias, reportajes, entrevistas y materiales audiovisuales (vídeos, fotografías, ilustraciones e infografías) con licencia Creative Commons 3.0 (se pueden copiar y distribuir y transformar citando a SINC como fuente).

Al frente está, como redactora jefa, Pampa García Molina, que como Malen también mira con buenos ojos que hasta ahora haya existido esa «primera división» en Ciencia.

Los periodistas necesitamos un criterio que no es solo el de nuestro olfato periodístico, y el factor de impacto y el sistema de revisión por pares es un buen sistema» – Pampa García Molina (SINC)

«Eso no es negativo, lo dañino es que exista todo un negocio editorial detrás de esto, en manos privadas, que haga pagar al sistema de ciencia y tecnología por esto»,me dice cuando le pido opinión.

¿Pero de verdad lo que publican Nature, PNAS y Science es inequívocamente «la mejor ciencia» que se hace en el mundo? ¿Está ahí realmente «la liga» de la ciencia, o sencillamente han alcanzado un estatus y se han apalancado ahí, cumpliendo aquello de «cría fama y…»?

Creo que es absolutamente disparatado que las grandes revistas nos marquen la agenda comunicativa». – Toni Calvo (AECC)

«Hay que reconocer que hemos alcanzado una uniformidad indeseable en lo que contamos sobre Ciencia, porque es difícil salirse del carril: si todo el mundo va a tratar mañana un tema, no puedes ser la excepción», reflexiona Toni Calvo.

El presidente de la Asociación Española de Comunicación Científica me atiende con sumo interés entre reunión y reunión.

«Creo que es absolutamente disparatado que nos marquen hasta este punto la agenda comunicativa», confiesa, porque, al final, nos dejamos llevar por «monopolios de la ciencia y de la información sobre ciencia».

«El problema no es que no existan otras revistas interesantes: es cómo accedes a ellas y quién te lo cuenta para poder entenderlo, primero, y explicarlo», me dice Toni. Y asiento, por supuesto.

No solo el Plan S, también la precariedad en los medios

Pampa coincide en que, si cerramos el campo de visión a el «top ten» (o incluso el «top 50») de las revistas científicas, nos limitamos demasiado. «El problema es la precariedad de la profesión periodística, porque si tuviésemos de verdad tiempo y recursos, y también la confianza de nuestros jefes, el panorama sería muy diferente «, reflexiona.

En la agencia SINC tienen todo eso. Por eso, cada lunes, cuando Pampa llega a la redacción, se estudia a fondo todas las notas de prensa de Eurekalert! que van a salir a lo largo de la semana, selecciona de cuáles van a hablar en SINC y, después, se pone a bucear en repositorios tratando de pescar artículos buenos que no han salido a la luz.

«A veces, encontramos investigaciones muy buenas en revistas con buen factor de impacto pero no tan famosas, por ser muy específicas, y otras veces damos con temas noticiables de Nature o Science que los editores no han elegido para sus notas de prensa pero que son realmente buenos», reconoce Pampa.

¿Sustituirán los gabinetes de prensa a las grandes revistas?

Salga o no adelante el plan S, creo que a raíz de estas conversaciones se perfila lo que yo definiría como un doble reto para el periodismo científico.

De un lado, como dice Toni Calvo, los gabinetes de comunicación de las instituciones científicas podrían convertirse ahora en «los nuevos seleccionadores» de la investigación científica que sale a la luz, «usando como criterio la repercusión real de las publicaciones, más allá del impacto de las revistas y del ego de los investigadores».

Los periodistas deberíamos sacar la nariz de los papers de las revistas de alto impacto» – Patricia Fernández de Lis (Materia – El País)

El segundo reto lo resume a la perfección Patricia Fernández de Lis, al frente de Materia, la sección de ciencia de El País: «Los periodistas de ciencia debemos empezar a sacar la nariz de los papers de las revistas de alto impacto y meterla en los centros de investigación y universidades; esta puede ser una buena oportunidad».

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