«Robo a gran escala». Elton John contra ChatGPT. No quiere que la IA cante sus canciones. Ni las de nadie

Elton John y más de 400 músicos critican el proyecto de ley del Reino Unido que permite entrenar las inteligencias artificiales, como ChatGPT (OpenAI), con obras protegidas por copyright sin consentimiento de sus autores.

Elton John no quiere que ChatGPT cante sus canciones
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Elton John no quiere que ChatGPT cante sus canciones.

El choque de trenes que el periódico THE NEW YORK TIMES emprendió contra OpenAI, Microsoft y otras inteligencias artificiales por escrapear su contenido, salta de la prensa a la música.

Elton John ha encendido la alarma. El icónico compositor británico calificó de «delito penal» la nueva normativa que habilita a las empresas tecnológicas a entrenar sistemas de inteligencia artificial (IA) usando obras con derechos de autor sin el consentimiento previo de los creadores.

A su protesta se han unido más de 400 artistas, entre ellos Paul McCartney y Dua Lipa.

El pasado 14 de mayo, la Cámara de los Comunes del Reino Unido rechazó con 297 votos frente a 168 una serie de enmiendas del proyecto de ley de datos que exigían transparencia y permiso explícito para el uso de contenido creativo por parte de la IA.

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La decisión ha desatado una tormenta entre las figuras de la industria musical y creativa.

400 artistas firman contra la regulación de la IA en Reino Unido

Elton John no se mordió la lengua.

«Es un robo a gran escala. El Gobierno está priorizando los intereses de las grandes tecnológicas frente a los de toda una generación de artistas», advirtió, con el aviso, además, de emprender acciones legales para frenar la norma.

El Gobierno británico sostiene que la reforma puede contribuir con hasta 10.000 millones de libras a la economía nacional en los próximos diez años. Pese a las críticas, insiste en que no se tomarán decisiones finales hasta completar las consultas públicas y los análisis de impacto.

Más de 400 músicos y creadores han firmado una carta abierta dirigida al primer ministro Keir Starmer para exigir medidas más duras en la protección de los derechos de autor ante el avance imparable de la inteligencia artificial.

La actual legislación del Reino Unido contempla excepciones que permiten la minería de datos en obras protegidas con fines de investigación.

La reforma pretende extender esta posibilidad a fines comerciales, abriendo la puerta a que desarrolladores de IA entrenen modelos con letras, partituras y otros contenidos sin necesidad de pagar licencias ni pedir autorización previa.

El texto aprobado por la Cámara de los Comunes desestima las enmiendas introducidas por la Cámara de los Lores, que buscaban establecer salvaguardas mínimas como la suscripción obligatoria o mecanismos de transparencia sobre los usos del contenido.

Con esta decisión, el marco legal se inclina hacia una liberalización absoluta del uso de materiales creativos por parte de las IA.

Este choque entre derechos de autor y entrenamiento de modelos de inteligencia artificial no es un choque legislativo exclusivo del Reino Unido.

En Estados Unidos y la Unión Europea, varios autores y editoriales han iniciado demandas contra OpenAI y otras tecnológicas por el uso no autorizado de textos para entrenar modelos generativos.

En ambos continentes, las empresas de IA están promoviendo la denominada doctrina de uso justo, frente a las leyes del copyright que remuneran con royalties la propiedad intelectual.

El caso más relevante es la mencionada demanda en curso de THE NEW YORK TIMES contra OpenAI, por si significado icónico.

La diferencia que se da en el caso de la industria británica está en el respaldo gubernamental. Mientras en otros países se discute la legalidad de estas prácticas en tribunales, el Reino Unido se anticipa con un marco normativo que legitima la utilización sin restricciones de contenido creativo.

“La política del Gobierno corre el riesgo de robar a los jóvenes músicos su legado e ingresos”, subrayó Elton John.

En la carta colectiva, los firmantes advierten que, si el ejecutivo del Reino Unido continúa por esta senda, los creadores británicos quedarán en una situación de desventaja global y muchos talentos emergentes verán comprometido su futuro profesional.


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